No es la muerte, está brillandoTiempo de lectura: 4 minutos

Es difícil hacerlo cuando ya han trascurrido 26 años desde el suceso original. Es difícil cuando uno mismo no ha vivido esa experiencia y cuando todo lo que se tiene son meramente puntos de referencia, pero la obra y el legado de John Lennon son más que eso; es su vida.

Y es que son pocos los que trascienden más allá de la sola existencia terrenal y se quedan vivos en el panteón de los inmortales y Lennon es uno de ellos. Su obra es obra porque es acción; porque es verbo en lugar ser solo un simple sustantivo; porque dar lugar a la paz es un reclamo eterno que va más allá de una simple existencia y de una mente que siembre busco el reclamo social adecuado.

Hoy New York City esta de duelo, un duelo que ha durado 26 años, y no sabemos cuantos mas durará. El frío cala los huesos pero eso no importa y la arboleda de Central Park ya luce los estragos del helado clima y aun con los guantes de lana siento los dedos fríos y la candelita que sostengo en mis manos tiembla junto conmigo.

Miro a mi padre, siempre me gusta ver el azul de sus ojos cuando él está perdido en sus pensamientos, como ahora. Durante un breve momento me conecto con él y su intimidad; está recordando cuando aquellos cuatro jóvenes melenudos llegaron a conquistar su América. En su mente pude ver como revivía al Beatle aquel, el chico miope que parecía parpadear nerviosamente y cuya voz nasal le hacia inconfundible, ese que algunos meses mas tarde causaría un alboroto al decir que era mas popular que Jesucristo.

Mi padre rompe sus pensamientos y me mira fijamente. Con su codo me golpea levemente la espalda; el sabe que no estoy aquí solo para dejar una candelita en memoria de Lennon. Tengo un trabajo por hacer… y una nota por escribir.

Me inclino, dejo mi candelita, apreto fuertemente mi reportera y ahí la la veo enfundada en una chamarra roja vistiendo unos jeans gastados y con un bolso de lona azul pendiendo de uno de sus hombros. Se acomoda sus lentes y a mi pregunta me dice que su nombre es River Skybetter y tiene 38 años Eso lo explica todo, River es una de las hijas de acuario, se acomoda su desaliñado cabello y me dice que ha llegado desde Los Angeles, desde la Costa Oeste y que lo único que tiene en el estomago es un sándwich que desayuno por la mañana, no tiene mucho dinero y realmente aun no sabe cuanto tiempo le llevará estar de regreso en su ciudad. Ha viajado de aventones y a veces ha tenido que caminar varias millas al no encontrar quien le transporte, pero dice que ha valido la pena. Una lagrima escapa de sus ojos y apenas susurra un “mi Dios”.

Tengo que dejarla sola con su ofrenda. Más tarde sé que la encontraré ahí y podremos tomar un café caliente y comer algo juntas.

Sumida en esos pensamientos y sin darme cuenta me topo con un hambrón, o más bien con dos. “Lo lamento” me dice uno de ellos. Danny y Brian Flores son neoyorkinos y su feroz aspecto no concuerda con su amabilidad y parecen estar acostumbrados al frío. Sobre su hombro Danny luce un tatuaje de Paul y John, “son mi orgullo” me dice al tiempo que baja su playera para que yo pueda verlos bien. “Bueno, yo tambien tengo el mío” dice Brian al tiempo que se descubre la espalda para mostrarme un rostro de Lennon tatuado sobre ella.

Una sonrisa de satisfacción asoma por debajo de aquel gran bigote de Danny y ya en confianza me cuenta que ellos son admiradores de Lennon y que año tras año ler recuerdan. En realidad no saben, y así lo confiesan, si en algo John les influyo. En realidad a ellos eso no les importa mucho, para ellos John era un tipo genial. Así de sencillo.

Un sollozo de mujer llama mi atención y hace que olvide a los Flores por un momento. Es una chica, muy guapa, con una fotografía de John en una de sus manos, su bello rostro mira hacia el nublado cielo de N.Y. mientras murmura algo. En realidad luce muy joven para ser una fan de Lennon y eso llama mucho mi atención. Le pregunto al chico que la acompaña y me dice que ella, Seanie, sólo cuenta con 21 años de edad y al igual que River es de Los Angeles. Pero solo eso tiene en común, además de su admiración por Lennon, claro.

Seanie Casares viste bien, y su rostro luce perfectamente arreglado y su cabello es hermoso. Ella y su pareja, a diferencia de Skybetter, han viajado en avión y se hospedan en un buen hotel.

Junto a nosotros Michelle Vargas sostiene una manzana verde, como el logo de Apple la casa disquera de The Beatles, con la leyenda “Dear John, we love U”. Ella ha llegado de un lugar mas cercano; New Jersey junto con su hermana Mary Beth y su pequeña hija Julia –nombrada así en honor a la madre de John- cada año hacen el viaje hasta “Imagine”, aquí en Central Park.

Jennifer Cuozzo toma su guitarra, razga las cuerdas e inicia las primeras notas de “Imagine”, Kristy Mundt toma mi mano y yo tomo la de Cindy Crommett y entonamos todas juntas a coro el tema. Los Flores no tardan en unírsenos, junto con una decena más, y cantamos mientras River alza la mano derecha haciendo el símbolo de la paz. A unos cuantos pasos esta mi padre que me mira fijamente. Se que se siente orgulloso de mi y mientras tanto yo reflexiono como un hombre, un solo hombre, tiene el poder de convocar a gente tan diferente como River y Seanie; como los Flores y Michelle.

Me admiro al ver como es posible que haya quienes dejan lo poco que tienen, que muchas veces es nada, como River para atravesar el país solo para dejar una humilde ofrenda… o la simpleza del alma de niños de los Flores… la devoción de una chica tan joven como Seanie…

…y encuentro lo que mi padre me ha llevado a buscar, algo que el ya sabia pero que deseaba que yo lo aprendiera de otros. Y al bajar la vista y ver mi candelita formar parte de un gran luminoso símbolo de la paz todo fue claro; lo que a esa gente la había movido no era el simple hecho de dejar una ofrenda. No, era mucho más que eso; es mantener vivo un ideal.

Alzo de nuevo la mirada y mi padre me guiña un ojo, tomo de la mano a River, le pido que me acompañe y nos alejamos del lugar mientras la guitarra de Jennifer aun suena. Sé que sentados frente a una tasa de café Skybetter tiene mucho que enseñarme.

¿Cómo regresará ella a casa? No lo sabe… el mañana nunca se sabe.

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